lunes, 23 de noviembre de 2009

Grita en la oscuridad

Crees estar despierta. Ya no lo sabes.

Estás de pié, andando sin descanso, por una carretera sin nada a los lados, sin fin. Caminas sóla, deseando correr, pero una presión inexplicable inunda tu pecho al pensarlo. Necesitas un empujón, una ayuda, alguien. Pero sigues sóla, de pié, caminando.

Tus deseos, tus ilusiones, te rodean, caminan contigo, sin tocarte. Tú no las ves, no las quieres ver, les ignoras. Sólo caminas, sin descanso. Haciendo caso omiso de tus esperanzas.

Esperas ver señales que indiquen qué camino seguir. Pero no hay ninguna. En ese lugar, las señales sólo se dejan ver si las quieres ver. Y tú ya no sabes lo que quieres.

Casi puedes imaginar el final de esa carretera. Y chocas. No hay nada. Momento. Silencio. Lo intentas de nuevo pero sigues sin poder atravesar eso que se interpone entre lo que sabes, es la felicidad, y tú. Y lo intentas de mil maneras, pero nada. Eso que no ves no se va.

Y caes, y lloras, y gritas en silencio, pides ayuda. Esperas. Como siempre. Y como siempre nadie acude a tu encuentro. Y te duermes.

Cuando te despiertas no estás sóla. Hay mucha gente conocida a tu alrededor, hay señales. No hay nada que te impida seguir. Al principio no lo notas, pero algo ha cambiado: Ya no sientes, ya no quieres, ya no deseas. No eres tú, eres él, ella, nosotros, vosotros, ellos. No tú. No tu yo. Tus ilusiones y sueños, tus señales, quedaron detrás del mundo.

Y vives sin vivir, y esperas sin esperar, que tu fin llegue.

Siendo lo que todos quieren que seas.


No hay comentarios:

Publicar un comentario